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#GuíaRec

Estrategias y herramientas de gestión

De las motivaciones iniciales al desarrollo profesional


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Las herramientas de gestión son los instrumentos que nos permiten bajar nuestras ideas al plano operativo de las acciones cotidianas. Aquí compartiremos una serie de conceptos y claves para planificar nuestro desarrollo profesional, materializar nuestros proyectos y sostener nuestra vocación en forma exitosa y sustentable.

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Por Graciana Maro, Bruno Maccari y Pablo Montiel

Gestores culturales, evaluadores de proyectos, colaboradores en el ámbito público. Graciana Maro: Contadora UBA, Posgrado en Administración de Artes del Espectáculo FCE-UBA, Arts Management en Kennedy Center (USA), Sub-directora de la Maestría en Administración de Org. Sector Cultural y Creativo FCE–UBA. Bruno Maccari: Lic. en Artes y Especialista en Administración Cultural UBA, Coordinador académico de la Maestría en Administración de Org. Sector Cultural y Creativo FCE–UBA, co-autor del libro Gestión cultural para el desarrollo. Pablo Montiel: Músico, Lic. en Política y Adm. Cultural UNTREF, Posgrado en Gestión de la Cultura y la Comunicación FLACSO, ha brindado cursos y conferencias a nivel nacional e internacional, co-autor del libro Gestión cultural para el desarrollo.


¿POR QUÉ HACEMOS MÚSICA?

La pregunta es simple, directa, provocadora. Quizás suponemos que responde a un estímulo inicial que tuvimos durante la niñez o la adolescencia; tal vez recordemos cuál fue la chispa primaria Pero: ¿en qué momento nos preguntamos honestamente acerca de la motivación íntima, profunda, que nos empuja a manifestarnos a través de esta actividad y no de otra? Si desconocemos las motivaciones que nos llevan a desarrollar una carrera musical, el trayecto profesional se nos puede volver muy difícil.

Como veremos, las herramientas de gestión nos permiten concretar nuestras ideas en términos operativos, y para eso deben alinearse y ser coherentes con esa configuración inicial, que debe ser clara, consciente y meditada. Si conocemos los porqués, las herramientas van a ganar en efectividad. Esa precisión y esas decisiones iniciales se vuelven necesarias para sostener nuestra vocación y para planificar nuestro desarrollo profesional de un modo sustentable y sostenido en el tiempo.

FORMAS DE APROXIMARSE A LA ACTIVIDAD MUSICAL

Muchos músicos emprenden su carrera musical porque no les queda alternativa, llevan la música en su ADN, nacen con oído absoluto o con habilidades sorprendentes desde pequeños. Otros, provienen de familias con músicos y, ya desde el nacimiento, experimentan una convivencia muy cercana con la música. Hay quienes son estimulados por sus padres durante la niñez o quienes, a partir del disfrute de la escucha o el baile, pasan a indagar en la ejecución de un instrumento. Algunos se interesan en la mística de una disciplina musical y muchos otros encuentran en la música un espacio de pertenencia e identificación durante su adolescencia. Todas estas puertas de ingreso al mundo de la música son posibles y válidas.

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Una vez en el camino, las motivaciones para afianzar esos primeros acercamientos también son variadas. La vocación, la contención, la ocupación, el reconocimiento, el ego, la vanidad, las ansias de fama, las ganas de transformarlo en profesión, el dinero como objetivo, la trascendencia, el sueño de una vida mejor, las ganas de cambiar el mundo… Una, todas, algunas de estas combinadas; cualquiera sea la motivación, se trata de una decisión profundamente personal sobre la cual no pondremos una carga moral. Eso sí: debe ser una decisión meditada, personal y consciente.

 

Ejemplo: diálogo entre músicos que compartieron circuito años atrás

M1: ¿Cómo estás tanto tiempo? ¿En qué andás? ¿Seguís con la música?

M2: No, ya fue, vendí todo… Si no se puede tocar… La gente tiene un corcho en la oreja, no hay espacio para la buena música. No hay lugares para hacer shows. Me cansé de tocar para que la guita se la lleven otros.

M1: Pero más allá de esas excusas, ¿vos no tocabas porque te hacía feliz, porque era tu vocación? ¿Qué tienen que ver las decisiones de mercado o de circuito, con tu vocación, con tu plano íntimo?

 

Este ejemplo, seguramente conocido, nos muestra la importancia de volver sobre esas preguntas iniciales. ¿Por qué hago música? ¿Por qué me inserto o quiero insertarme profesionalmente en el sector musical? Estas preguntas son clave: si no partimos del auto-conocimiento y de establecer objetivos claros, las herramientas que veremos van a servir sólo de placebo. Tal vez podamos dar bien algunos pasos, pero el árbol crecerá irremediablemente torcido.

Hablamos de un conocimiento profundo, información que nos permitirá tomar las decisiones correctas, a partir de diagnósticos concretos, que nos llevarán al verdadero “éxito”: lograr los objetivos que nos tracemos con honestidad y precisión. No a partir de supuestos mitos del mundo de la música, ni en base a las “excepciones” (el caso del músico que subió un video a YouTube, la pegó y lo vieron 100 mil personas en un día. ¿Cuán verídicas, cercanas y motivadoras pueden ser para nosotros estas historias?).

Las excepciones existen, pero lo cierto es que son muy pocas. Y si nos tocan, que la suerte nos sorprenda con las cosas claras y trabajando. Optemos por la senda del trabajo constante, de las decisiones firmes, sostenibles en el tiempo y sustentables materialmente. En definitiva, el camino de los miles de músicos que trabajan día a día para mantener sus carreras, incluso en forma redituable.

El origen del éxito o el fracaso de nuestras vocaciones y nuestras carreras profesionales no está en el afuera, sino en las decisiones íntimas acerca del camino que queremos tomar.

 

DE LA VOCACIÓN A LA PROFESIÓN

Existen diferencias claras entre los planos de la vocación y la profesión. Desde ya, una cosa no quita la otra y ambos planos pueden compartir intereses, deseos y ambiciones. Pero sí hay que tenerlo muy en claro, sobre todo cuando optamos por caminos diferentes para el desarrollo vocacional y el profesional. La idea es que estos caminos separados no promuevan la frustración y, por ende, la muerte de la vocación.

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Por eso proponemos comenzar por este pequeño ejercicio de indagación acerca de “por qué hacemos lo que hacemos”. Si decidimos que nuestra relación con la música va a integrar un desarrollo profesional, lo primero a tener presente es que estamos entrando a un plano social que, por lo tanto, va a estar guiado por reglas sobre las que nosotros no decidimos, aunque esté en nuestras facultades avalarlas o no. Es decir, empezamos a tomar decisiones conscientes acerca de nuestro futuro.

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LA TOMA DE DECISIONES CONSCIENTES Y SUS IMPLICANCIAS

Somos adultos. Tomamos decisiones que impactan en nuestras vidas. Ya no caben las quejas. Es hora de empoderarnos y hacernos cargo de nuestra vocación, nuestra carrera, nuestro trabajo. Es una gran responsabilidad para con nosotros mismos. En la medida en que tomemos decisiones conscientes tendremos mayores posibilidades de manejar el camino que estamos recorriendo. El objetivo es ser artífices y responsables de nuestro propio ritmo, de nuestra propia historia.

Pero ¿cómo hacemos para tomar esas decisiones? En principio a través del conocimiento del ecosistema de la música, el ámbito donde nos vamos a mover. Hoy existe más música que cantidad de oídos, más propuestas que públicos, más músicos que productores o managers. A la mayoría no nos queda otra alternativa que tomar el rol de músico-gestor. ¿Cómo comenzamos? Aprovechar esta publicación es un buen comienzo. Estar atentos, preguntar, involucrarnos, vivenciar el sector. Conocer gente, nuestro trabajo es relacional, y nos permite aprovechar los espacios en los que se desarrolla nuestra profesión.

Para empezar a movernos dentro del ecosistema de la música, dentro de los espacios o escenas que definamos, es necesario familiarizarnos e incorporar una serie de herramientas de gestión. Es decir, un conjunto de técnicas para darle orden y organización a nuestro trabajo. Ellas nos ayudan a tomar decisiones, priorizar actividades, definir caminos de acción, optimizar el uso de recursos (desde el tiempo al dinero). En definitiva, colaboran para que nuestra carrera sea sostenible en el tiempo y sustentable (o rentable) económicamente.

 

Las herramientas que les proponemos incorporar son:

Análisis de territorios: nos permitirá conocer en profundidad el sector donde nos vamos a desenvolver.

Planificación: preguntas clave para definir un plan de trabajo ordenado, serio y profesional.

Mapa de recursos: nos ayuda a que nuestras carreras y proyectos sean sostenibles en el tiempo.

Presupuestos económicos y financieros: otorgarán sustentabilidad y viabilidad a nuestras propuestas.

Cronograma: para disponer mejor de nuestros tiempos, evaluar y priorizar alternativas.

Evaluación: una práctica para aprender de lo que hacemos, crecer y mejorar en forma permanente.

 

EL ANÁLISIS DE TERRITORIOS

Es hora de comenzar el camino para la gestión de nuestros proyectos. Y como punto de partida, es central reconocer que todo proyecto musical se desarrolla en determinados territorios, con los cuales dialoga, interactúa y se nutre en forma permanente.

El estudio, análisis y observación de territorios es, entonces, el primer paso que conduce a la planificación de un proyecto musical. Hacer una lectura crítica de esos territorios nos permitirá contar con información preliminar acerca del ecosistema donde nos vamos a mover y poder evaluar con mayor certeza los rumbos que puede tomar nuestro proyecto, identificando potencialidades de desarrollo, detectando zonas de posibles riesgos u oportunidades emergentes de la escena en que buscamos insertarnos.

Para iniciar el estudio, una de las herramientas que pueden contribuir a este análisis es el FODA (o DAFO, por sus iniciales en inglés), un instrumento tradicional para el diagnóstico y reflexión, que nos proporciona dos puntos de vista desde dónde estudiar los territorios. El primero, se refiere a detectar las variables del entorno (territorio externo) que pueden afectar el proyecto; el segundo, busca analizar aquellos atributos propios del proyecto y de nuestro equipo (territorio interno) y que pueden impactar en el desarrollo del emprendimiento.

 

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En síntesis, estos ejercicios de análisis nos permiten contar con información vital acerca de los escenarios sobre los que estamos situados. Un diagnóstico intenta constituir una base para definir los objetivos. Por ello, contar con esta información será de utilidad para diseñar algunos trazos a futuro que permitan buscar soluciones, prepararse ante las amenazas, resolver puntos débiles, potenciar fortalezas y, por qué no, descubrir oportunidades.

 

LAS DECISIONES DE PLANIFICACIÓN

En esta fase se toman las decisiones que le darán forma, sentido e identidad al emprendimiento musical. Concretamente, se trata de la definición de contenidos, de objetivos, de estrategias, de acciones, de públicos/destinatarios y del modelo de gestión que vamos a adoptar.

1. Definición de objetivos

Tener muy en claro aquello que pretendemos alcanzar, lograr o conseguir con la realización del proyecto. Sugerimos identificar pocos objetivos y que sean alcanzables, de manera de garantizar el éxito y no generar frustración anticipada. Menos es más.

Ejemplos: “Incrementar la cantidad de público que asiste a nuestros shows”, “lograr independencia económica a través de la música”, “llegar a grabar un CD”.

 

2. Estrategias

Son los canales de acción, los caminos que tomaremos para alcanzar cada uno de los objetivos que nos propusimos con sus correspondientes metas. Responde a una pregunta básica: ¿cómo lo vamos a hacer?

Ejemplos: “planificar shows en lugares donde mi público se sienta identificado y con una periodicidad estratégica”, “realizar una campaña paga a través de las redes sociales”, “averiguar todos los pasos necesarios para llegar a la edición del CD”.

 

3. Identificar actividades

Programar el conjunto de acciones que van a materializar el proyecto y hacer posible el logro de los objetivos propuestos.

Ejemplos: “ensayar, armar una puesta en escena para ese espacio don- de tocaremos, contactar a alguien que se encargue de la prensa, etc.”, “acondicionar un estudio donde brindar clases, armar el plan pedagógico, realizar las inscripciones, etc.”, “listar los sellos vinculados al tipo de música que hago, conseguir los contactos, enviarles nuestra propuesta, etc.”.

Desafío: ¿Somos capaces de incorporar al proceso artístico el uso profesional de las herramientas de planificación, presupuestos, cronogramas y evaluación para nuestros proyectos y emprendimientos musicales?

El principal desafío es ofrecer coherencia y transformar las preguntas de las cuales partimos en propuestas operativas para la gestión.

 

EL MODELO CANVAS

Más recientemente, ha surgido un nuevo modelo de análisis de proyectos, complementario a los planes de proyectos (o planes de negocio), que también puede ayudarnos a identificar de una forma sencilla si nuestra propuesta cuenta realmente con valores diferenciales. El Canvas es un modelo de análisis, por lo general utilizado como paso previo a los planes de negocio, que nos brinda la posibilidad de analizar la propuesta de valor de nuestra idea/proyecto sin necesidad de embarcarnos en estudios rigurosos con respecto a cuestiones financieras, técnicas o comerciales.

Se trata de una buena alternativa, accesible para el responsable del proyecto y fácil de interpretar por nuestros destinatarios (socios, aliados o promotores de nuestra propuesta), ya que sintetiza en un pequeño lienzo los 9 aspectos clave de nuestro proyecto de una forma integral, clara y concreta.

 

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EL MAPA DE RECURSOS

Los recursos son los medios necesarios para lograr nuestros objetivos. Emprender un proyecto musical requiere la disponibilidad de múltiples recursos, de diversa índole y de distintos orígenes. En el mejor de los casos podemos hacernos una idea de las necesidades que implica llevar a cabo una iniciativa, pero rara vez somos conscientes de la dimensión de recursos que podemos generar a partir del valor (¡y los valores!) que ofrece nuestro proyecto.

 

Claves para armar el mapa de recursos de nuestros proyectos

 

1. Dimensionar lo propio: identificar todos aquellos recursos con los que contamos tanto en términos humanos como materiales e inmateriales.

Por un lado, definir el equipo de trabajo involucrado en el proyecto. Hablamos del trabajo que aporta el conjunto de colaboradores, identificando las competencias y habilidades necesarias para llevar adelante cada una de las actividades.

Por otro, considerar el conjunto de recursos materiales (o tangibles) puestos a disposición: inversión inicial, equipamiento, instrumentos, sala de ensayo, etcétera. Por último, estimar aquellos recursos intangibles que dotan de valor al proyecto: trayectoria del grupo, identidad del proyecto, tiempo de dedicación, red de contactos, etc.

2. Fuentes de recursos: analizar cuáles serían las diversas fuentes de generación de recursos a los cuales podemos acceder y de qué manera podemos alcanzarlos.

Se trata de realizar una proyección de ingresos a partir de identificar sus distintos orígenes. Los recursos propios abarcan, por un lado, aquellos recursos provenientes de los aportes de integrantes e inversores (por ejemplo el capital inicial) y, por otro, el conjunto de recursos generados por el propio proyecto a partir de la explotación de los bienes y servicios producidos (por ejemplo, la ventas de discos, la comercialización de entradas, la liquidación de derechos de autor, etc.).

Los recursos externos comprenden tanto los ingresos provenientes de organismos públicos (subsidios, ayudas técnicas, aportes vía regímenes de mecenazgo, créditos, etc.), como los originados como producto de alianzas y acuerdos con el sector privado (sponsoreo, patrocinio, acuerdos empresariales, canjes, aportes de servicios, préstamos, campañas de crowdfunding, etc.).

3. Diversificar las fuentes de recursos: un principio básico es intentar conseguir distintas fuentes que garanticen la continuidad de nuestras iniciativas.

Si dependemos de una sola fuente, nuestro proyecto se vuelve más vulnerable a los cambios que esa alianza pueda experimentar. Por eso es recomendable conocer las diversas fuentes a las cuales podríamos recurrir y, sobre todo, ser creativos a la hora de diseñar servicios y actividades complementarias que puedan acompañar al “producto principal”, atraer otros públicos e impactar en la generación de ingresos.

Estimar y describir los recursos que necesitamos implica responder a la pregunta: ¿qué y cuántos recursos requiere nuestro proyecto?

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PRESUPUESTOS

Independientemente de la naturaleza del proyecto musical que nos proponemos desarrollar (sea con fines comerciales, sociales, comunitarios, personales, profesionales, etc.), es fundamental arribar a una dimensión clara e integral de lo que significará en términos económicos. Más allá de la escala de cada proyecto, de la envergadura de la institución que lo respalda, o el tiempo que demandará ponerlo en práctica, es necesario contar con presupuestos que reflejen los ingresos y gastos que se producirán con su realización.

 

Algunas claves para diseñar un presupuesto económico

  • El presupuesto económico es una proyección cuantitativa de todos los ingresos y todos los gastos a producirse durante el período de tiempo que abarque la realización del proyecto.
  • Para el caso del presupuesto de ingresos, se estiman cada uno de los ingresos que proyectamos obtener de nuestros productos y servicios (comercialización de CD, cachets por shows, venta de entradas, regalías, auspicios, subsidios, etc.). Es deseable que podamos agruparlos según la naturaleza de su fuente de procedencia, tal cual vimos antes, discriminando aquellos de generación propia y aquellos provenientes de fuentes externas.
  • El presupuesto de costos debe incluir un detalle de cada uno de los gastos que vamos a asumir con la realización del proyecto. Un buen diseño presupuestario debe brindar información desagregada por cada gasto, indicando: concepto del gasto, proveedor sugerido, cantidad ne- cesaria, definir la unidad de medida, el valor unitario (precio de merca- do vigente) del bien o servicio, y el valor del gasto total.
  • Sugerimos exponer los costos ordenados por rubros, o sea, agrupa- dos por familia de costos asociados, de manera de tener información de cómo se compone la estructura de costos. Algunos rubros para emprendimientos musicales podrían ser: equipamiento, artística, producción, movilidad y traslados, servicios tercerizados, post-producción, comunicación, gastos administrativos, etcétera.
  • Es recomendable hacer una previsión de la totalidad de los costos, independientemente de que representen o no una erogación de dinero de nuestro bolsillo; nos es de utilidad para tener una dimensión cierta del presupuesto real del proyecto (por ejemplo, cuantificar el valor de las horas de alquiler de la sala de ensayo que usaríamos por más que ensayemos en una sala propia).
  • Es importante contemplar en nuestros presupuestos costos adicionales, tales como: un mínimo margen para gastos imprevistos o imponderables (generalmente no deberían superar el 5% de los otros gastos estimados), las amortizaciones de bienes de uso aplicadas al proyecto (como por ejemplo, desgaste por uso del equipamiento) y la estimación correspondiente a ajustes por inflación (recomendamos siempre indicar las fuente e índices adoptados).
  • Recordemos utilizar siempre subtotales por rubros (familias), sección (ingresos y costos) y un total que indique si la proyección presupuesta- ria arroja déficit (ingresos menores a los costos) o superávit (ingresos mayores a los costos).
  • Si seguimos estas claves estaremos en condiciones de hacer diversas proyecciones económicas para el proyecto (de máxima, media y mínima), de ponderar si es viable desde el punto de vista económico y en qué medida es rentable o deficitaria nuestra proyección.

 

El presupuesto financiero (o cashflow) incorpora al análisis las variables “tiempo de efectivización” de los ingresos y “tiempo de erogación” de los gastos. Por ende, el llamado presupuesto financiero muestra cómo conviven los recursos, las necesidades y los tiempos.

Realizar un presupuesto financiero es muy sencillo. Tan sólo debemos diseñar un gráfico que contenga todos los ítems presupuestados indicando, por rangos de fechas (semanales, mensuales, anuales), cuándo se producirán los ingresos proyectados y cuándo tendremos compromisos de pagos. Esta información aportará claridad y precisión acerca de los momentos en que contaremos con los recursos necesarios para afrontar una erogación y cuándo el proyecto se volverá sostenible y/o mostrará superávit financiero.

En proyectos de grabación de discos, en la producción de un concierto o en la realización de una gira, suele ser muy frecuente que, al final del ciclo del proyecto, el presupuesto económico arroje un saldo positivo. Generalmente, dividimos el costo de la producción por la cantidad de CD a vender; esa cuenta muchas veces es razonable y hasta puede llegar a otorgar ganancias. Sin embargo, es muy probable que estos proyectos sufran déficits financieros en la medida en que tienen compromisos de pagos anteriores al período en el que se producen las ventas de los discos, el cobro de entradas o el ingreso por cachet de la gira. Según el ejemplo, el costo de producción de un CD generalmente se eroga antes de empezar su promoción y nuestra proyección financiera suele comenzar recién a partir del momento en que ponemos el CD a la venta. Este tipo de situaciones, muchas veces descuidadas, se deben analizar con anticipación para evitar problemas; sugerimos adelantarnos, pensar estrategias y tomar decisiones con cierta previsibilidad.

El presupuesto es la herramienta que sintetiza operativamente la planificación de nuestros proyectos. Es el instrumento que permite analizar la viabilidad económica de una iniciativa y, por ende, brinda información muy importante para encausar nuestras decisiones.

El desafío principal es diseñar un presupuesto de fácil lectura, que destaque la información relevante y permita poner en relieve los resultados económicos que arroja nuestro proyecto.

 

CRONOGRAMA

El común de los proyectos musicales requiere tiempos de desarrollo de medianos a largos. El ciclo de vida de estos productos se caracteriza por abarcar extensas etapas de preproducción, producción y explotación. Por eso es muy importante incorporar el uso de cronogramas. Se trata de una herramienta que nos permite poner en relación cada una de las actividades que abarca la realización de nuestro proyecto con el tiempo necesario para su concreción. Como resultado, obtendremos un esquema que nos brinda información acerca de la duración total del proyecto y, a su vez, del comportamiento temporal de sus diversas y sucesivas acciones.

Existen varios esquemas y diseños de cronogramas: cualquiera sea el modelo o pieza gráfica que elijamos, lo importante es considerar cierta información clave y hacernos una serie de preguntas que nos ayudarán a diseñar un esquema acorde a nuestras necesidades. También podemos identificar al cronograma como el presupuesto de tiempos que requiere nuestro emprendimiento.

En síntesis, al ser una herramienta muy gráfica y visual, el cronograma facilita un análisis a simple vista de la planificación del proyecto y nos brinda ayuda a la hora de: juzgar la factibilidad de las actividades programadas, considerar si los plazos que pensamos son realistas, si se otorga el tiempo suficiente para cada tarea, evaluar si existe una distribución pareja del trabajo entre las personas asignadas, analizar si las actividades no se solapan o anulan entre sí, asegurar que realicemos las instancias previas que necesitamos para emprender actividades posteriores, chequear si los plazos de tiempo que asignamos a cada actividad son proporcionales entre sí, entre otros beneficios de planificación.

 

LA EVALUACIÓN

Cuando llevamos adelante nuestro proyecto artístico solemos utilizar distintas formas de consulta para monitorear el rumbo de nuestras creaciones, pidiendo su opinión a colegas, músicos amigos, técnicos, programadores y demás referentes del sector. De la misma forma, necesitamos contar con un sistema de seguimiento y ajuste de los procesos de gestión de nuestros proyectos musicales, un mecanismo que nos permita verificar el rumbo de los objetivos planteados al inicio del recorrido. Para ello, proponemos incorporar los mecanismos de evaluación y la práctica de procesar información concreta sobre los resultados que vamos generando a lo largo del ciclo de vida de nuestros proyectos.

 

¿Cómo armar el sistema de evaluación de nuestro proyecto?

 

1. Definir las metas que se pretenden alcanzar con el proyecto

Una vez definidos los objetivos específicos que persigue el proyecto (por ejemplo “presentar nuestro disco en todo el país”) será necesario dotar a ese propósito de metas concretas y medibles que permitan dar cuenta de qué manera pensamos alcanzar esos objetivos.

2. Proyectar distintos escenarios de resultados deseables

Un buen punto de partida es realizar una proyección de los resultados “de máxima”, es decir, los resultados potenciales que podríamos alcanzar en condiciones óptimas de realización (por ejemplo: “realizar una gira que abarque cinco ciudades capitales de provincia, en espacios con capacidad para 200 localidades, durante el último trimestre del año”). También deberíamos definir los resultados “de mínima”, o sea, aquellos que, sin ser los óptimos, representan un “piso aceptable” para alcanzar el objetivo que nos propusimos (por ejemplo: ”realizar, al menos, tres fechas que cumplan con las pautas propuestas”).

3. Definir indicadores

Los indicadores son variables de medición. En algunos casos se podrán utilizar los indicadores más usuales (número de asistentes, desvíos presupuestarios, fechas de avance en producción o lanzamiento del disco, impacto comunicacional, etc.). No obstante, es necesario diseñar indicadores propios en relación a los objetivos y metas específicos de nuestro proyecto. Los indicadores deben ser fijados previamente, al inicio de la producción o realización del proyecto, vincularse con un objetivo específico, ser medibles, comparables, comprobables y accesibles.

Veamos un ejemplo:

Indicador: Porcentaje de desvío del cronograma de producción del disco.

Fórmula: (Días planificados – Días de ejecución) / Días planificados x 100.

Instrumento: Cronograma original vs. tiempos de ejecución.

 

4. Establecer instrumentos de evaluación

Se trata de identificar, para el caso de cada proyecto, los instrumentos de medición más aptos para medir sus resultados. Algunos instrumentos posibles: estadísticas, encuestas, entrevistas personales o grupales, medición de ingresos, gastos o asistentes, venta de entradas, distribución de discos, tránsito en redes sociales, etcétera.

5. Programar las instancias de análisis y toma de decisiones

Sugerimos considerar a la evaluación como una instancia más en el desarrollo de un proyecto, con igual importancia a las etapas de desarrollo artístico, planificación o producción. Para ello, es importante que le asignemos tiempos, recursos y responsables, de modo de poder sistematizar esta práctica, capitalizar sus beneficios y sumarla como una forma de mejora permanente.

En definitiva, la instancia de evaluación no es una fase suelta o aislada en el desarrollo del proyecto: debe estar presente, de un modo transversal, a lo largo de todo el ciclo de gestión. El principal valor de la práctica de evaluar es que nos brinda una oportunidad de mejorar el proyecto para futuras instancias, nos permite contar con información concreta, valiosa y necesaria para mejorar las decisiones que tomamos y perfeccionar el modo en que gestionamos nuestros proyectos.

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RECAPITULANDO

A modo de cierre y repaso, hagamos un punteo de aquellos aspectos fundamentales a tener en cuenta a la hora de encarar la gestión profesional de nuestros emprendimientos musicales:

Punto de partida: poder diferenciar el plano vocacional (íntimo) del plano profesional (social). Antes de asumir una iniciativa debemos tener muy en claro por qué hacemos lo que hacemos. Ser responsables, tomar partido y adoptar decisiones conscientes de cara a nuestro futuro profesional.

No estamos solos: el estudio de los territorios que rodean nuestros proyectos nos ayuda a concebir emprendimientos más sólidos y mejor preparados, tanto en su fase de diseño como en sus instancias de concreción. Las experiencias de nuestros colegas son también insumos interesantes para emprender con mayor solidez nuestro trabajo.

Lo operativo es estrategia: un proyecto es una secuencia ordenada de decisiones, cuyas acciones nos conducen del plano estratégico al terreno de las decisiones operativas que empiezan a materializar nuestros objetivos. Por eso, tengamos muy presente que lo operativo (el día a día), en todos los casos, es a la vez estrategia (el horizonte de nuestra profesión).

Estimular la generación de recursos: cada proyecto musical necesita de recursos. Pero sobre todo, tienen a la vez la capacidad de desarrollar y generar recursos. No sólo económicos, también financieros, técnicos, humanos, simbólicos. Seamos inteligentes para ponderar esas potencialidades y audaces para asumir las iniciativas para explotarlas. Es muy probable que el proyecto se vea enriquecido y su propuesta de valor sea experimentada por más y mejores públicos.

Presupuestar para no perder el control: armar presupuestos rigurosos y realistas nos permite un mayor control sobre nuestros proyectos. A partir de allí tomaremos mejores decisiones. El impacto de presupuestar mal (por debajo, por encima, en otros rubros, etc.) no sólo repercute en nuestro trabajo, sino también en nuestras vidas, ya que generalmente aportamos muchos de los recursos implicados.

Podemos ser informales y profesionales a la vez: dejemos el caos para el momento de la creación. A la hora de producir, las herramientas de gestión son imprescindibles para guiar la toma de decisiones conscientes y achicar los márgenes de riesgo. Son instrumentos vitales para incrementar la sustentabilidad de nuestros proyectos y fortalecer nuestra vocación.

Aprendemos de nuestras experiencias: monitorear, evaluar, analizar, saber qué hicimos bien y qué hicimos mal. Desarrollemos la capacidad de aprender a partir de nuestro trabajo. Que la experiencia nos otorgue la inteligencia práctica para los próximos proyectos.

En definitiva, la responsabilidad sobre el éxito y/o el fracaso de nuestra carrera como músicos no está sólo en el afuera, comienza en la actitud consciente de cada paso que damos y las decisiones que tomamos. Esta combinación entre conciencia y herramientas de gestión nos va a permitir esquivar el fracaso de nuestras vocaciones y el impacto que eso pueda generar en nuestras vidas. Es hora de pensar estratégicamente, de sumar las herramientas y experiencias que nos brinda la gestión, de encarar nuestra vocación y nuestra carrera con pasión, esfuerzo, consciencia y sabiduría.

¡Nos vemos pronto en la ruta!