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Producción musical en estudios no profesionales

Grabaciones efectivas con recursos acotados


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Este capítulo busca transmitir las etapas, los actores y las estrategias clave que se articulan alrededor del registro de una obra musical, desde el momento en que las ideas comienzan a gestarse hasta que se plasman en un formato de audio con calidad profesional, incluso grabando en estudios hogareños y para proyectos de bajo presupuesto.

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Por Leonardo Martinelli

Productor musical. Miembro fundador de TREMOR, con quien ha editado cuatro discos de estudio y ha girado por Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, Colombia, España, Francia, Dinamarca, Suecia, Alemania y Holanda. Sus producciones han sido reseñadas en algunos de los medios especializados más importantes del mundo, entre ellos, Les Inrockuptibles, The Fader, XLR8R, Songlines Magazine y Mondomix. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la realización de música para cine, teatro, publicidad y eventos performáticos, tanto a nivel local como internacional.


GRABACIONES EFECTIVAS CON RECURSOS ACOTADOS

A raíz de los cambios tecnológicos de los últimos 20 años asistimos a una multiplicación exponencial de proyectos musicales de carácter independiente y/o autogestionado. La aparición del audio digital ha democratizado y facilitado la posibilidad de que mayores creadores puedan realizar un registro musical de una calidad muy interesante en casi cualquier computadora.

Al mismo tiempo, la accesibilidad que promueve la web (y su velocidad de transferencia) ha funcionado como estímulo para compartir obras generadas en forma ”hogareña” y la proliferación de espacios virtuales para difundirlas y ponerlas a disposición de sus públicos también ha profundizado la tendencia (ver el capítulo sobre Marketing Digital).

En el actual contexto de cambios y contingencias, este capítulo busca dar cuenta del “mapa de posibilidades” existentes para una producción musical, más allá de los recursos técnicos con que se cuente, o directamente, tomando esas condiciones como oportunidad para definir la identidad artística del proyecto.

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Vale aclarar que no profundizaremos en los detalles técnicos referidos a los estudios de grabación profesional, sino que el acento estará puesto en las estrategias y métodos de trabajo de mediano o bajo presupuesto, con el objetivo de brindar un escenario de recursos básicos y caminos alternativos para lograr resultados óptimos a la hora de plasmar la obra musical. Partiremos de las siguientes premisas: el estudio también puede funcionar como espacio de composición, no asociar la sala de grabación sólo con las tareas de “registro” musical y plantear el “mapa deposibilidades” para poder llevar adelante, en forma realista y alcanzable, una producción independiente, autogestionada, de bajo presupuesto, compacta y efectiva.

 

EL INICIO: LA ETAPA DE COMPOSICIÓN

Comenzaremos el recorrido por la composición musical, punto de partida de nuestro “mapa de posibilidades” y momento en el que surgen las piezas musicales que luego serán producidas y grabadas.

Independientemente del enfoque tradicional, nos interesa remarcar la importancia de la tecnología como una herramienta muy útil para ampliar nuestro abanico de posibilidades. ¿A qué nos referimos? Por empezar, la tecnología nos permite realizar una maqueta utilizando instrumentos virtuales y librerías de sonidos. Esta posibilidad nos permite escuchar de qué forma sonaría la pieza ejecutada por músicos o, incluso, realizar pruebas de acuerdo a diversos tipos de arreglos musicales. Pero las posibilidades no terminan ahí: la tecnología también nos permite, por ejemplo, alterar el tempo de la obra, probar distintos patrones rítmicos, testear la pieza en distintas tonalidades, hacer experimentos con la estructura de una canción y muchas cosas más.

En definitiva, podemos afirmar que, en tanto herramienta de producción musical, la tecnología nos permite un ejercicio de perspectiva diferente con respecto a lo que ocurre u oímos cuando estamos ocupados ejecutando en un instrumento la pieza en tiempo real. Y esto puede hacerse con mucha inmediatez, posibilidades que sin mediar la tecnología requerirían mucho ensayo y pruebas. Cabe destacar que todas estas posibilidades pueden ser realizadas por la computadora más modesta, inclusive existen software de descarga gratuita para realizarlas.

Utilizamos el término “producción musical” en un sentido bien amplio: desde el simple registro de una performance instrumental, hasta su versión asociada a la elaboración de una “identidad sonora”.

Cuando el objetivo final es la grabación de un álbum, es importante tener en cuenta que contar con una buena cantidad de canciones compuestas antes de la pre-producción, nos permitirá analizar mayores opciones para trabajar con el productor y luego realizar una selección más acertada del recorrido del disco. Este ejercicio de selección previa es muy útil para definir qué tipo de álbum queremos grabar y entender en qué momento musical se encuentra la banda.

Finalmente, no podemos dejar de destacar que estas maquetas iniciales pueden ser consideradas como un primer paso para lo que luego será el proyecto de una grabación. En función de la compatibilidad del software utilizado, incluso es posible importar esas pruebas iniciales a la hora de grabar. Estratégicamente y de cara a la producción técnica del proyecto, eso nos permitirá ganar tiempo y llegar con un plan más ajustado a los próximos pasos.

 

EL PRODUCTOR MUSICAL

Cuando ya contamos con un número considerable de piezas compuestas y hemos tomado la decisión de plasmar nuestra obra en una grabación, llega el momento de evaluar la opción de sumar un productor musical a nuestro proyecto. Pero ¿por qué necesitamos un productor musical? ¿Qué rol cumpliría en nuestro proyecto?

La figura del productor es de vital importancia a la hora de grabar un disco y su desempeño puede tener un impacto fundamental en el destino de la obra. Es importante entender que, aunque los músicos sean virtuosos en la ejecución de su instrumento o aunque el grupo cuente con un compositor avezado, nada de eso garantiza que la experiencia en el estudio de grabación sea satisfactoria. Grabar una pieza musical requiere de una serie de conocimientos que trascienden lo específicamente musical e involucra saberes múltiples: técnicos, administrativos, organizacionales e, incluso, la capacidad de sacar lo mejor de un ser humano, tanto en términos artísticos como anímicos, para guiar el proyecto a buen destino.

Además, el productor musical, en cierta forma, es el nexo entre el músico y todo el equipo técnico que involucra la grabación del disco. Podríamos decir que funciona como una especie de intérprete de la banda: es el encargado de ayudar a plasmar el sonido que la banda proyecta. También se ocupa de confeccionar el presupuesto de grabación, analizando de qué manera invertir y optimizar los recursos disponibles para alcanzar el resultado deseado. Por supuesto, el rol del productor también se ajustará de acuerdo a la relación que establece con el artista y, sobre todo, al tipo de obra que se busca plasmar.

Es importante tener muy en claro que grabar un disco en forma independiente, de bajo presupuesto y en condiciones semi-profesionales nos exige exprimir hasta el último recurso que esté a nuestro alcance. Debajo compartimos algunos casos que nos permiten constatar cómo la creatividad y la claridad de objetivos del proyecto permiten muchas veces transformar la escasez de recursos en un potencial de creación e identidad. Para plasmar una grabación potente y alineada con nuestros objetivos, la alternativa de trabajar con un productor musical es la decisión correcta y un camino para aprovechar al máximo nuestras posibilidades.

 

PRESUPUESTO

Una vez que tenemos seleccionadas, junto al productor, las músicas que grabaremos llega el momento de confeccionar el presupuesto del proyecto de grabación.

Si bien el momento de la composición es un espacio de extrema libertad —donde se busca que el autor no se sienta condicionado a la hora de crear— los pasos que siguen de ahora en más deben ser ana- lizados minuciosamente antes de comenzar el proceso de grabación. Para facilitar este análisis y decisiones, no está de más transitar por una serie de preguntas básicas cuyas respuestas marcarán el rumbo de los pasos a seguir para alcanzar el objetivo deseado.

A partir de estas respuestas, podremos comenzar a materializar las cuestiones operativas y de gestión. Por ejemplo, la elección de un tipo de instrumentación a utilizar nos llevará al análisis y a la definición de un tipo de estudio en particular. Por supuesto, no es lo mismo grabar un trío acústico, que un proyecto de música electrónica. Los instrumentos electrónicos, por caso, pueden grabarse directamente por línea, no necesitan de un ambiente preparado acústicamente y, por lo general, tampoco requieren microfoneo. De este modo, en términos del plan de grabación, esa alternativa nos permitirá obtener un registro de buena calidad incluso en un estudio casero.

Por el contrario, si quisiéramos incluir instrumentos acústicos, el espacio para grabarlos deberá tener una acustización acorde. La calidad de los micrófonos a utilizar, los procesadores y una serie de cuestiones que veremos a continuación, tendrán una incidencia decisiva en la calidad del registro. Todas estas decisiones y alternativas deberán ser tenidas muy en cuenta a la hora de decidir qué tipo de estudio de grabación necesitamos, de acuerdo al objetivo y el concepto de la producción musical a realizar.

Por eso es central analizar las obras que vamos a grabar, la instrumentación elegida, e incluso, es conveniente trabajar con planillas donde se lleve un registro detallado de las necesidades técnicas tema por tema. Esas decisiones y herramientas nos facilitarán el aná- lisis de la cantidad de horas necesarias, o mejor dicho, la estrategia de cómo repartir las horas y el presupuesto con que contamos. Así podremos dividir y repartir convenientemente las horas disponibles en cada una de las etapas y prever, por ejemplo, cuántos ensayos realizaremos en espacio propio, cuántos en sala de ensayo, cuánto tiempo dedicaremos a la pre-producción, cuánto costará la grabación, cuán- tos días se necesitan para grabar cada sección, y definir las jornadas para bases, voces, mezcla, mastering, etcétera.

A la hora de definir el presupuesto de grabación, tenemos que sumar también otras definiciones sobre el proyecto: ¿el disco tendrá como destino un soporte físico? ¿Será digital y gratuito? ¿Se combinarán ambas alternativas? En caso de fabricarlo, ¿cuántas copias realizaremos? ¿Qué esquema de promoción y difusión estamos contemplando? En síntesis, por todos estos motivos recordemos que una correcta definición del presupuesto nos ayuda a encarar de un modo más profesional y eficiente todo el proceso de producción musical

 

LA ETAPA DE ENSAYOS Y PRE-PRODUCCIÓN

Una vez confeccionado el presupuesto de grabación, entramos de lleno en la instancia de pre-producción del disco: etapa en la que se diseña materialmente el álbum y quizá la que mayor tiempo y trabajo nos insume. La sala de ensayo es el lugar en el que empieza el “trabajo de campo”, espacio donde el productor trabajará en profundidad con los músicos para entrar luego al estudio y realizar el registro definitivo.

¿Qué cosas tener en cuenta para esta etapa? ¿Cuál es la metodología más adecuada para encarar este proceso? Una de las primeras medidas que recomendamos es incorporar la rutina de trabajar con un click.

Se trata de una herramienta sencilla pero indispensable: consiste en escuchar por auriculares un metrónomo en el tempo en que se ejecutará la canción. Éste metrónomo sirve de guía para grabar todos los instrumentos y permitirá luego los llamados overdubs o sobre-grabaciones, ya sea en el mismo estudio o en otros.

El uso de un metrónomo nos brindará la posibilidad de editar y/o combinar distintas tomas en una misma sección, aunque provengan de distintos registros; por ejemplo utilizar un fragmento musical grabado originalmente para que suene en la introducción de un tema, pero que luego pueda ser usado en un puente o en un estribillo. Todas estas alternativas de producción serían imposibles si no trabajáramos con un metrónomo.

Una rutina a tener en cuenta es llegar al estudio con todo estudiado y ensayado a la perfección. Esto facilitará el rendimiento, permitirá aprovechar al máximo las horas de grabación con que contamos y redundará en una productividad mayor del presupuesto definido para la grabación.

Otra sugerencia vital para esta instancia es manejarse con referencias sonoras: identificar ejemplos y modelos puede resultar de gran utilidad. Podemos tomar como ejemplo un álbum completo o indicar arreglos y sonoridades puntuales. Se trata de referencias concretas que podrán facilitar luego las etapas de mezcla y masterización.

En esta etapa se discute qué tipo de sonido buscamos, qué estética deseamos desarrollar y qué decisiones artísticas asumiremos, en síntesis: qué queremos “contar” artísticamente.

Independientemente del carácter “práctico” de la lista que sigue, es fundamental comprender que todas las decisiones que adoptemos durante esta etapa serán relevantes en términos artísticos. Esta etapa nos brinda una oportunidad para experimentar con la forma estructural y sonora de las piezas a grabar y sus resultados tendrán un carácter definitorio en la obra.

 

Caso: Tremor y la grabación de Landing, su disco debut

Grabado entre 2002 y 2003, Landing fue el primer disco de estudio de Tremor. Su etapa de composición se inició cuando el grupo estaba de viaje, sin las condiciones acústicas adecuadas y únicamente se utilizó una laptop, una guitarra acústica y un charango. Posteriormente, la producción continuó en un modesto estudio hogareño, donde el 80% de lo grabado se registró tan sólo con un micrófono Shure SM58. Lo interesante de la experiencia es la forma en que se compensó la falta de un micrófono apropiado con un excesivo trabajo de ecualización y procesamiento de las tomas. Al mismo tiempo, esa supuesta limitación técnica también fomentó “accidentalmente” la búsqueda de una identidad sonora para el proyecto musical.

 

ESTUDIOS DE GRABACIÓN

Cuando concluimos la fase de pre-producción y la banda ha trabajado en la sala de ensayo junto al productor llega, entonces, el ansiado momento de empezar a grabar.

Como criterio inicial, una forma de optimizar el presupuesto con el que contamos, puede pasar por una buena elección del o de los estudios de grabación y para ello lo ideal es dividir las etapas de grabación en diferentes estudios, decisión muy útil si tenemos un presupuesto acotado.

También tengamos en cuenta que no es necesario grabar todos los instrumentos de un disco en el mismo estudio. Sin embargo, sí es importante grabar las bases (batería, bajo, guitarras) en el mejor estudio posible. De esta manera, podremos contar con buenos equipos de sonido y micrófonos para grabar con una mejor definición, junto a la posibilidad de registrar tomas en salas amplias y/o considerar la alternativa de grabar a todos los músicos en forma simultánea. Recordemos que no es necesario realizar todas las etapas de una producción musical en un estudio profesional. Ciertos arreglos (por ejemplo, los overdubs) podrán ser realizados en un estudio más pequeño y, por ende, más económico.

En cuanto a las voces, y luego de haber trabajado desde la pre-producción con un click se podrá, por ejemplo, hacer una grabación casera y luego llevar al estudio “grande” (en el que se graben batería, guitarra y bajo) ese canal de voces para utilizarlo como referencia. De esta forma, cuando los músicos realicen sus tomas en el estudio profesional, podrán escuchar la voz grabada con el click, sin forzar al cantante a ejecutar sus líneas como referencia (lo mismo para teclados, secuencias, cuerdas y arreglos que no graben ese día).

Lo principal en esta instancia es capitalizar los espacios y posibilidades con que contemos, más allá del escenario ideal en términos de producción. Si optimizamos nuestra creatividad y nuestro ingenio podremos hacer rendir al máximo las posibilidades que tenemos a nuestro alcance. Recordemos que no todo se resume a la calidad sonora: también cuenta la calidad interpretativa y, para ello, circunstancias intimistas pueden generar interpretaciones más inspiradas.

 

¿CÓMO ELEGIR EL ESTUDIO MÁS CONVENIENTE?

En principio, tengamos en cuenta que podemos solicitar un demo para analizar si el estudio se ajusta a nuestras necesidades y expectativas sonoras, junto con un listado de los artistas que trabajaron allí. Es importante evaluar si el estudio está preparado para la música que necesitamos grabar: no es lo mismo grabar una pequeña orquesta que, por ejemplo, un trío de jazz.

Un aspecto a considerar es el de las salas acustizadas con las que cuenta el estudio. Para ello, es necesario evaluar sus tamaños y características (hay salas para baterías, salas para voces, salas para orquestas, etc.). Ello se basa en el criterio de que el sonido de esas salas es, en definitiva y por encima de su equipamiento técnico, “el sonido del estudio”. Una sala deficiente podrá afectar negativamente el sonido del disco. También tendremos que considerar el equipamiento hardware del estudio, la calidad de sus racks, de sus procesadores, de sus conversores análogo-digitales y de sus micrófonos.

Otra cuestión a tener en cuenta es el hecho de que algunos estudios alquilan instrumentos musicales con un costo adicional. Esta opción puede resultar de utilidad para sumar versatilidad sonora a la grabación (algunos poseen una gran variedad de amplificadores, guitarras, pianos acústicos, sintetizadores, pianos eléctricos, etc.). También, es importante evaluar a los técnicos y a los profesionales con los que cuentan. Es fundamental que el ingeniero de grabación elegido conozca a fondo nuestro proyecto musical, que entienda el concepto y, por supuesto, que conozca de antemano el estudio (si el productor también lo conoce, ¡aún mejor!).

Formato sugerido: aprovechar el estudio profesional (aquel que cuente con sala grande, buenos equipos y micrófonos, etc.) para grabar baterías, bajos y guitarras; el estudio pequeño (con sala modesta, micrófonos y equipos aceptables) para grabar voces y coros; y el estudio casero para realizar overdubs (arreglos sobre-grabados), registrar los instrumentos de línea, los electrónicos (samplers, sintetizadores, etc.) y demás arreglos que no requieran una acústica profesional.

Lo más importante es desarrollar un criterio estratégico acerca de cómo utilizar nuestros recursos disponibles, tanto en términos de tiempos como de presupuesto.

 

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EL INGENIERO DE GRABACIÓN

El ingeniero de grabación es el profesional a cargo de capturar el sonido que luego escucharemos por los monitores; es “la mano derecha” del productor y quien se ocupa de “microfonear” correctamente los distintos instrumentos. Aunque es cierto que no existe una única forma de microfonear, y que incluso hay varias opciones y margen para la creatividad, lo principal es tener en claro que tales decisiones están sujetas al tipo de audio que se busca conseguir.

En términos técnicos, tengamos presente que existen diversos tipos de micrófonos. También hay diferentes acercamientos para obtener distintos resultados. Por ende, podremos buscar un sonido más íntimo o uno más potente, con más o menos dinámica, con mayor o menor preponderancia del ambiente, etcétera. Precisamente, como la cantidad de opciones es casi infinita, es fundamental contar con un buen ingeniero de grabación.

 

LA ETAPA DE GRABACIÓN

Una vez que contamos con el estudio y que hemos elegido al productor y al ingeniero que nos acompañarán en la producción llega, finalmente, el momento de comenzar a grabar, la etapa en la que pondremos en práctica todo lo planificado en los ensayos y la pre-producción.

Aquí, nos centraremos en el modelo particular de grabar por separado, más extendido y aplicable a producciones en las que NO buscamos capturar el “instante interpretativo”, sino incluir más colores de los que posee una banda en vivo. Por eso, en este modelo, persiste la idea de una “ficcionalización” sonora y no tanto la de un registro documental. Para este tipo de búsqueda, grabar por separado, nos permitirá optimizar las horas pautadas en el estudio profesional y completar la grabación en estudios más pequeños y/u hogareños.

Por lo general, la grabación comienza con el registro de la base rítmica. Es muy importante que esta base inicial quede plasmada en las mejores condiciones posibles; esto nos ahorrará, luego, problemas a la hora de grabar los demás instrumentos. Es fundamental comprender que la ecualización de las tomas de sonido es plana y, al momento de grabar, encontrar el sonido más cercano al natural de cada instrumento, utilizando distintas técnicas y sistemas de multi-microfonía, es decir, varios micrófonos registrando el sonido de un mismo instrumento y los efectos de dinámica. Así contaremos con mayores opciones de audio para elegir en la mezcla. Una vez grabada la base, y en función del estilo musical del grupo, será importante controlar que la toma del bajo coincida con los toques de bombo. El siguiente paso es grabar los instrumentos armónicos, luego los melódicos, posteriormente los teclados o sintetizadores y, por último, la grabación de las voces.

En la etapa de grabación se busca conseguir un sonido lo “más real” posible. Para ello, es fundamental que haya una buena señal de entrada; el músico deberá controlar los niveles de ecualización, volumen, ganancia y saturación. En esta instancia es preferible que el sonido sea más limpio que de costumbre (por ejemplo, respecto al utilizado en un show).

Existen numerosos aspectos técnicos de relevancia, aunque no es necesario que el músico sea un especialista en ellos. Lo importante y estratégico es apoyarse en el productor y en el ingeniero de sonido. Sin embargo, como responsable de su obra y su proyecto musical, el artista deberá tener parámetro de su existencia y su importancia. Finalmente, podemos decir que la grabación es una de las etapas más disfrutables, en la que el músico tiene la oportunidad de expresar y plasmar todo lo trabajado previamente para ponerlo al servicio de las composiciones y de su registro.

 

Ciudadanos y la grabación de su disco Bombay

El álbum Bombay, de Ciudadanos, fue grabado mediante una combinación de estudios de distinta envergadura. Para encarar la producción, la banda acudió al productor Gerardo Farez. La mayor parte de la grabación ocurrió en 48 hs. Luego de un trabajo intensivo de pre-producción, sus integrantes grabaron juntos en la misma sala. En el caso de surgir errores en alguna sección, se buscó reemplazar tal defecto por otra toma de la banda tocando junta. A su vez, las voces fueron grabadas en un estudio pequeño, con buenos micrófonos. Por último, tanto la grabación de teclados como la mezcla final fueron realizadas en un estudio hogareño, aunque de buen monitoreo.

 

LA ETAPA DE EDICIÓN

Al finalizar la instancia de grabación sobreviene una etapa más “técnica”, que comienza con el proceso de edición: seleccionar y editar el material grabado. Durante esta etapa se seleccionan las mejores tomas, e incluso, podrán combinarse distintas tomas entre sí. También es el momento en el que pueden corregirse ciertos errores de los músicos y se busca que todo suene “sincronizado”.

Otras tareas de esta fase pueden ser las automatizaciones de volumen, la creación de la dinámica de instrumentos, el emparejamiento de volúmenes e, incluso, se puede trabajar la ecualización para llegar a la mezcla en mejores condiciones. Al finalizar el proceso de limpieza de pistas, y habiendo igualado los volúmenes de señal de cada toma, estaremos listos para la mezcla.

Si bien es un proceso “técnico”, es posible encontrar aún ciertos espacios de creación: en esta etapa todavía estamos a tiempo de modificar alguna estructura musical o, incluso, de lograr efectos manipulando las tomas. Por ello, es importante mantenerse abierto para encontrar nuevas técnicas y capitalizar las ventajas que nos brinda la tecnología.

 

LA ETAPA DE MEZCLA

Ni bien culmina el proceso de edición, llega una de las etapas más interesantes y definitorias: la mezcla. ¿En qué consiste esta etapa? Si quisiéramos partir de un criterio estándar, podríamos decir que en la mezcla se busca conseguir una ecualización que separe lo mejor posible las frecuencias de cada instrumento entre sí, para que al final sea más fácil distinguir las distintas señales cuando se está oyendo la pieza musical en su conjunto. Aquí se buscará también la espacialidad sonora de los instrumentos mediante paneos y efectos de estéreo y se intentará hacer una mezcla lo más dinámica posible, para evitar un sonido lineal y monótono.

En relación a la finalidad del capítulo (proponer caminos alternativos para presupuestos acotados) existe una opción interesante: realizar una primera mezcla en un estudio más pequeño y económico, para luego trabajar con diversos stems. De la primera mezcla en estudio económico, existe la posibilidad de llevar estos stems a un estudio más equipado, de modo de aprovechar sus grandes equipos valvulares. De esta forma, y utilizando menos tiempo, podremos pasar esos stems por los equipos valvulares y así obtener mayor calidez y espacialidad en los sonidos.

En esta instancia, el ingeniero de mezcla trabaja codo a codo con el productor para materializar el planteo sonoro buscado. No obstante, en el camino de obtener una buena mezcla, no hay fórmulas infalibles. Es un proceso que mantiene cierto margen de subjetividad y, en definitiva, plantea el punto de vista sonoro desde el cual el artista propone escuchar la obra. La mezcla brinda infinitas posibilidades de plasmar una obra grabada y cada decisión técnica “comunica” una postura artística determinada. De hecho, una misma interpretación puede ser mezclada de diferentes maneras y gravitar ampliamente en el resultado y la sensación emocional que produce en el oyente. Se trata de un proceso de tal trascendencia, que las decisiones que conlleva pueden tanto jerarquizar una pieza musical y potenciarla, como desaprovecharla y minimizarla.

Asumamos el desafío de explorar y jugar con las posibilidades sonoras. Lo que consideramos una “buena mezcla” es, en definitiva, una convención estética de época, y asumirla como un parámetro rígido puede atentar contra la creatividad y los mejores resultados para nuestro proyecto. Por supuesto, siempre es conveniente capitalizar lo mejor de los procesos tradicionales, pero mucho mejor aún es mantener una actitud de apertura y exploración para no cerrar de antemano la puerta a nuevos hallazgos.

 

LA ETAPA DE MASTERIZACIÓN

Finalmente, arribamos al último eslabón de la cadena de producción musical: la etapa de masterización. En esta fase se trabaja con los temas ya terminados y mezclados, una mezcla completa en una pista estéreo.

Por diversas causas, la masterizacion es, tal vez, el proceso más confuso para el músico; no siempre está claro en qué consisten sus decisiones y alternativas. Se trata del último eslabón de la cadena productiva y tiene por objetivo obtener una versión maestra de la cual se replicará el álbum. Está a cargo de un ingeniero de mastering, especialista a cargo del acabado para que el producto arribe a su mejor calidad sonora.

Para encarar esta última etapa, es importante tener en claro de antemano el orden de los temas; la escucha propuesta en un disco es una decisión fundamental para lo que queramos contar con la obra.

Durante la masterización se busca ajustar los niveles y que la relación entre los diversos temas resulte armoniosa. Lo mismo ocurre con la ecualización y los procesos de compresión y limitación, buscando definir la coherencia sonora de todo el álbum. Desde el punto de vista técnico, se trata de ajustar las obras a un estándar de calidad, optimizando los archivos, tratando de realzar las virtudes del trabajo logrado en la mezcla, de modo de obtener un buen sonido en el mayor número de sistemas o en cualquiera de los soportes y canales de difusión actuales.

En esta etapa debemos tener claro en qué formato vamos a replicar nuestra música. Esta es una decisión importante ya que, por ejemplo, la circulación comercial del mp3 es bien distinta a la del vinilo. Además, no es lo mismo que el oyente adquiera el “objeto CD” o que consuma nuestra música en formato digital. Por supuesto, también debemos contemplar las cuestiones técnicas, ya que el proceso de mastering será distinto en caso de ediciones para CD, mp3 o vinilo.

La secuencia de temas se define en la masterización, ordenando las piezas musicales en el orden elegido por el artista, para replicar luego en los diversos formatos. A lo largo del ciclo de producción y grabación hemos remarcado la importancia de tener en claro el sonido buscado y esta última etapa no es la excepción.

Para ello, acercar referencias sonoras al ingeniero de mastering puede ser de vital ayuda, ya que podrá tener una referencia del tipo de ecualización, niveles de compresión, respuesta de graves y dinámicas proyectadas. Este proceso final requiere especial atención: cualquier error podría ser replicado, echando por la borda todo el esfuerzo realizado hasta aquí.

Finalizada la masterización, contaremos con la versión acabada de nuestra música, en su máxima expresión, para ser replicada en los formatos elegidos para difundirla.

 

El Otro Yo y la grabación de su disco “Mundo”

En 1995, El Otro Yo registra su disco Mundo. Contaban con más de 20 canciones efectivas y potentes, pero al no disponer de presupuesto para un estudio profesional, el grupo decidió instalar su propio estudio casero en el garaje de una casa familiar.

Para ello, se desmanteló el espacio original, se lo alfombró y se lo acustizó de forma sencilla y se consiguió una porta estudio Tascam de 8 canales. Como no disponían de habitaciones adicionales cercanas al garaje, se decidió aprovechar el interior de un Dodge Polara (al que le quitaron los asientos) como room para escuchar lo que se iba grabando. En el Dodge ubicaron una consola, la porta estudio, los parlantes para monitorear la grabación y un manojo de cables corría del auto al interior del garaje. Así se fue registrando el disco, por momentos tocando todos juntos, ya que no alcanzaban los canales para hacerlo individualmente. Luego se hacían reducciones de canales para incorporar sintetizadores, voces y arreglos adicionales.Así, años antes de su llegada al público masivo, El Otro Yo realizó su tercer disco.

Si bien es un ejemplo algo anacrónico en términos de tecnología, es muy ilustrativo para el capítulo. El hecho de no contar con las condiciones ideales de grabación no debe paralizar nuestra producción, sino transformarse en un factor de creatividad y motivación adicional. La clave es hacer rendir al máximo nuestras posibilidades, más aún con la cantidad y diversidad de recursos con los que disponemos en la actualidad.

 

CLAVES PARA GRABAR EN CASA

Si bien es cierto que la distancia entre un estudio de grabación profesional y uno casero puede resultar enorme, eso no impide que podamos obtener grandes resultados si sabemos cómo encarar una grabación en un estudio hogareño.

Antes de comenzar, es importante analizar con qué herramientas contamos y de qué manera podemos sacar mayor provecho de las mismas. Podría decirse que la computadora es el cerebro de un estudio de grabación casero. En lo referido a nuestra estación de trabajo personal, no hay que desesperar si no contamos con la última tecnología o con el mejor equipo existente. Incluso a la hora de invertir en equipamiento para nuestro estudio hogareño, es central tener en claro nuestras necesidades y posibilidades (por ejemplo, no tendrá sentido invertir en un micrófono de 30.000 pesos si tenemos una placa de sonido de 500).

Paneles: Hemos resaltado la importancia de contar con una sala de condiciones acústicas óptimas; también en nuestro estudio hogareño podemos mejorar el audio del espacio disponible aplicando paneles acústicos. Resultan bastante económicos, y pueden encontrarse en la web distintos tutoriales para aprender a ubicarlos y optimizar alternativas. Si sólo contamos con espacios reducidos es posible aprovechar rincones o placards que, combinados con frazadas o telas, podrán servirnos para grabar ciertas tomas.

Micrófonos: El criterio principal a la hora de elegirlos es pensar en los instrumentos que grabaremos con mayor regularidad. De contar con un presupuesto limitado, es recomendable buscar micrófonos lo más versátiles posible. Sería apropiado focalizar en micrófonos que se ajusten a nuestro estudio de bajo presupuesto y dejar como última opción aquellos que sirven únicamente para instrumentos que exceden nuestro pequeño estudio.

Sistema eléctrico y cables de buena calidad: En caso de no poder acceder a buenos pres, sería conveniente contar con una placa de sonido lo más decente posible. Esta última es fundamental, no sólo por la cantidad de canales que nos permite registrar en simultáneo, sino también por la calidad de sus conversores análogo digitales. Contar con un controlador MIDI puede ser de mucha utilidad: facilita y agiliza sustancialmente nuestra tarea, no sólo para ejecutar instrumentos virtuales o librerías, sino sobre todo a la hora de controlar el software utilizado para grabar.

Monitores: Recordemos que son el punto de referencia a la hora de mezclar; en cierta forma son “nuestros oídos”. Es por eso que debemos intentar que sean lo más fieles y planos en cuanto al sonido. Deben servirnos como referencia para poder encarar mezclas que luego sonarán en distintos tipos de formatos y parlantes. Si no contamos con monitores, y estamos obligados a trabajar con parlantes, lo ideal es conocerlos en profundidad. En general, los parlantes hogareños no son fidedignos, tienden a “inflar” algunas frecuencias. En tal caso, es necesario saber dónde ocurre esa distorsión para tener un parámetro de cómo sonará el producto final. Una vez exportado el audio de nuestro estudio casero, recordemos testearlo en la mayor cantidad de equipos de audio posible.

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ALGUNAS CLAVES FINALES

A lo largo de este capítulo hemos recorrido el circuito de trabajo que va de la composición a la producción musical y su registro sonoro. Buscamos destacar aquellos momentos clave, haciendo hincapié en los actores que entran en juego, las principales condiciones técnicas y el modo en que se articulan las diversas herramientas y recursos. Ante todo, hemos buscado demostrar cómo la limitación no es una inhibitoria a la hora de grabar nuestra música y resaltar una serie de estrategias y alternativas, más allá de los recursos con los que contemos:

 

  • Es indispensable tener en claro los diversos aspectos y etapas de la producción, y hacernos las preguntas adecuadas antes de encarar la grabación; esto nos ayudará a optimizar el recorrido que emprendamos.
  • Deberemos tener muy en claro cuáles son nuestros objetivos, necesidades y recursos.
  • Es fundamental conocer a los actores que formarán parte de este proceso; entender el rol que cumple cada uno nos permitirá sacar mayor provecho de sus capacidades, exigirles y aprovecharlos a un 100%.
  • Aprovechemos el rol fundamental de la tecnología y las ventajas competitivas de la “accesibilidad” que las herramientas de producción musical han vivenciado en la última década.
  • Sin embargo, más allá de esos avances, sigue siendo fundamental conocer nuestro equipamiento en profundidad y las posibilidades que puede brindarnos.
  • Mantengamos una actitud de apertura para experimentar técnicas alternativas y capitalizar las ventajas que nos brindan las herramientas a nuestro alcance.
  • Y, finalmente, recordemos que las limitaciones pueden transformarse en desafíos para estimular nuestra búsqueda creativa y nuestro desarrollo artístico.